Vivimos tiempos difíciles para la familia cristiana. Cada vez es más común escuchar testimonios de padres dolidos y confundidos porque sus hijos, criados "en la iglesia", comienzan en la adolescencia a manifestar una rebeldía profunda hacia Dios, hacia la autoridad, y hacia los principios con los que fueron instruidos desde pequeños. Se preguntan: "¿En qué fallamos? ¿Por qué nuestros hijos no aman al Señor como esperábamos?". La respuesta no es simple, pero hay una verdad que debemos recuperar: Dios ha establecido un mandato claro para los padres, y muchas veces, en nuestra cultura actual, lo hemos delegado.
Un mandato que no puede ser delegado (Deuteronomio 6)
En Deuteronomio 6:4-9 encontramos uno de los pasajes más contundentes sobre la responsabilidad de los padres en la educación espiritual de sus hijos:
“Escucha, Israel: El Señor nuestro Dios, el Señor uno es. Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas. Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes. Y las atarás como una señal en tu mano, y estarán como frontales entre tus ojos; y las escribirás en los postes de tu casa, y en tus puertas”.
Este pasaje no es una sugerencia ni una opinión cultural, sino un mandato de Dios para su pueblo. La instrucción espiritual debe ser continua, cotidiana y constante. Dios no está describiendo una actividad dominical, ni una clase semanal de escuela dominical, sino un estilo de vida centrado en la Palabra. Para cumplir con este mandato, los hijos deben estar cerca de sus padres, observando, preguntando, escuchando, imitando.
La educación escolarizada: un sistema de delegación
La escolarización moderna ha sido presentada como la forma "normal" de educar a los niños. Sin embargo, su fundamento histórico y filosófico dista mucho de los principios bíblicos. La escuela moderna fue diseñada para separar a los niños de sus familias durante la mayor parte del día, con el fin de formarlos según los valores y objetivos del Estado. En este sistema, los padres dejan de ser los principales responsables de la instrucción, y se convierten en supervisores periféricos del proceso educativo.
La pregunta es: ¿Podemos cumplir con el mandato de Deuteronomio 6 si nuestros hijos pasan entre 6 y 8 horas diarias bajo la enseñanza de otros, muchas veces no creyentes, que transmiten una visión del mundo contraria al evangelio? Cuando los hijos regresan a casa, están cansados, y el poco tiempo que queda para compartir en familia se ve limitado por tareas, actividades extracurriculares o simplemente el agotamiento.
Homeschooling: una herramienta para obedecer a Dios
El homeschooling (educación en el hogar) no es una fórmula mágica, ni una garantía de santidad. Pero es una herramienta poderosa que permite a los padres recuperar su rol original. Al educar en casa, los padres tienen la oportunidad de discipular a sus hijos en un ambiente donde la Palabra de Dios es el centro, donde se responde a sus preguntas con principios eternos, y donde la vida cotidiana se convierte en una escuela de sabiduría, fe y obediencia.
En el homeschooling, el aprendizaje no se reduce a contenido académico, sino que se entrelaza con la formación del carácter, la disciplina, la obediencia, el servicio y el amor a Dios. La vida se vive juntos, y en ese contexto, se forman los corazones.
La necesidad de tener a nuestros hijos cerca
La cercanía física es una condición necesaria para la formación espiritual. No podemos pastorear a nuestros hijos a la distancia. No podemos esperar que los principios del Reino de Dios echen raíces en sus corazones si no estamos presentes para sembrarlos, regarlos, corregir lo torcido y animar lo bueno.
Tener a nuestros hijos cerca no significa sobreprotegerlos o aislarlos en temor, sino amarlos activamente, formar sus mentes, corazones y voluntades con la verdad. Significa estar disponibles cuando surgen las dudas, los pecados, las luchas, los sueños y las oportunidades. Significa ser modelos vivos del evangelio que predicamos.
Las amistades escolares: una influencia muchas veces destructiva
Uno de los argumentos más comunes en favor de la escolarización es la necesidad de socialización. Sin embargo, la Biblia no nos llama a que nuestros hijos socialicen con el mundo, sino a que sean formados en comunidad con creyentes maduros, para luego ser luz en medio de las tinieblas.
La realidad es que, en la escuela, muchos niños y adolescentes están expuestos a presiones constantes: burlas, tentaciones sexuales, exposición a ideologías contrarias al evangelio, violencia, lenguaje vulgar, desprecio por la autoridad. Las "amistades" escolares muchas veces terminan siendo la fuente principal de desviación espiritual. Aún en escuelas "cristianas", la influencia de otros compañeros puede ser profundamente negativa.
Como padres, debemos preguntarnos: ¿Qué tipo de corazón están formando esas amistades? ¿Qué voces son las que están moldeando sus pensamientos, deseos y decisiones?
La rebeldía adolescente: ¿es realmente natural?
Vivimos en una cultura que ha normalizado la rebeldía adolescente. Se nos dice que es una etapa inevitable, que es parte del desarrollo, que todos los jóvenes deben "buscar su identidad" y separarse de la influencia de sus padres. Sin embargo, la Escritura presenta una visión muy distinta.
La rebeldía no es una etapa, es una expresión del corazón pecaminoso. Y si bien todos nacemos con esa inclinación, es tarea de los padres corregirla con amor, instrucción y presencia constante. Cuando los padres están ausentes durante la mayor parte del día, cuando las voces que más oyen los hijos son las de sus compañeros o profesores incrédulos, no podemos sorprendernos si la rebeldía crece y se fortalece.
El homeschooling, al permitir una cercanía continua, nos da la posibilidad de guiar, advertir, modelar y pastorear a nuestros hijos en los momentos más críticos de su desarrollo.
Conclusión: Un llamado a volver al mandato original
No todos los padres podrán educar en casa, y no todos los contextos permitirán hacerlo con facilidad. Pero todos los padres creyentes están llamados a ser los principales discipuladores de sus hijos. Y si hay una herramienta que nos permite cumplir ese mandato con mayor fidelidad, debemos considerarla seriamente.
El homeschooling no es fácil. Requiere sacrificio, organización, paciencia y dependencia total del Señor. Pero los frutos que produce, por la gracia de Dios, son eternos.
Volvamos al modelo de Deuteronomio 6. Tengamos a nuestros hijos cerca. Hablemos de la Palabra en la casa, en el camino, al acostarnos y al levantarnos. No deleguemos lo que Dios nos ha encomendado. Que el homeschooling sea, en manos de padres temerosos de Dios, una herramienta poderosa para formar generaciones que amen al Señor con todo su corazón, con toda su alma y con todas sus fuerzas.
